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Despedida al Monseñor Pedro Olmedo: Un Pilar de la Iglesia en el Norte Argentino
El monseñor Pedro Olmedo, el distinguido obispo emérito de la Prelatura de Humahuaca, regresa a su España natal tras una dedicación incansable.
Aunque dejó su cargo en 2019, la comunidad y el episcopado argentino lo despiden con cariño y agradecimiento por sus 52 años de servicio en la quebrada, la puna jujeña y los valles andinos de Salta. Junto a sus compañeros, los padres Miguel y Carlos, claretianos españoles, finaliza una misión que ha sido un emblema de compromiso eclesiástico con los más necesitados en el norte argentino.
Una Misión Recordada
Quienes han vivido en esas regiones remotas y muchas veces olvidadas, valoran profundamente la labor del padre Pedro Olmedo. Desde las personas más humildes hasta funcionarios y líderes comunitarios, todos expresan su tristeza por su partida. Pedro fue un amigo cercano para todos, recorriendo incansablemente cada rincón, a menudo por caminos difíciles, para llevar consuelo y esperanza.
Llegado desde España en 1972, joven y recién ordenado, Pedro Olmedo fue asignado a Mina Pirquitas, a 4.000 metros de altura en la puna jujeña. A pesar del choque cultural y las diferencias con su Sevilla natal, eligió integrarse completamente, trabajando junto a los mineros. En 1978, formó parte de una comunidad misionera mixta y ejerció como párroco en Iruya (Salta), trabajando también en salud pública durante una década.

Padre Pedro Olmedo con los mineros en Mina Pirquitas, Jujuy.
Un Obispo Cercano al Pueblo
La profunda inmersión del monseñor Pedro Olmedo en la vida de las comunidades pobres y olvidadas lo transformó en un obispo diferente. Era común verlo llegar a las comunidades más lejanas en caballo, acompañar a la gente en sus reclamos ante el gobierno, y estar presente en todas las facetas de la vida comunitaria. Además de sus deberes religiosos, defendió a las mujeres contra la violencia de género y apoyó la lucha por los títulos de tierra para los habitantes locales.
Su enfoque pastoral siempre combinó la fe con la justicia social. Abogó por iniciativas comunitarias y fue un ferviente defensor de los derechos de los pueblos originarios, participando en la reforma de la Constitución de 1994 para reconocer su preexistencia y derechos.
Legado de Justicia y Solidaridad
Pedro Olmedo enseñó a muchos que es posible una Iglesia distinta, más inclusiva y comprometida con la justicia social. Insistía en que la misión cristiana no era solo repartir sacramentos, sino también reconocer y apoyar las semillas del Reino presentes en las culturas y modos de vida locales.
Bajo su liderazgo, se aprendió que cualquier persona necesita reflexionar sobre sus problemas familiares y sociales a la luz del evangelio y experimentar la transformación que las pequeñas comunidades pueden lograr al compartir y trabajar juntas.

UNA VIDA DEDICADA A LA QUEBRADA Y LA PUNA DE JUJUY
Pedro Olmedo Rivero, obispo emérito y misionero claretiano, nació el 21 de octubre de 1944 en San Juan de Aznalfarache, Sevilla, España. Su primer destino en la prelatura fue Mina Pirquitas, junto al padre Pepe Murillo. Formó seminaristas en Humahuaca durante dos años antes de ser asignado a Iruya. Allí, en una comunidad mixta, fue nombrado administrador apostólico el 24 de febrero de 1991. El papa Juan Pablo II lo designó obispo prelado de Humahuaca el 7 de julio de 1993, siendo consagrado el 25 de septiembre del mismo año.
Durante la década de los ’90, Pedro tuvo un rol destacado como mediador en los conflictos político-sociales de Jujuy. Tras 26 años al frente de la Prelatura, el papa Francisco aceptó su renuncia por edad el 23 de octubre de 2019, siendo sucedido por monseñor Florencio Paredes Cruz.
Desde su llegada hasta su partida, Pedro Olmedo se convirtió en un pastor cercano a su pueblo, un verdadero guía con “olor a oveja”, siempre presente en la vida de las comunidades que tanto lo necesitan.

Despedida al monseñor Pedro Olmedo de la Prelatura de Humahuaca.